¿POR QUÉ HABLAR DE ACTIVIDAD FÍSICA Y CÁNCER?
- hace 9 horas
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Cada 6 de abril se conmemora el día mundial de la Actividad Física, una fecha clave para recordar que el movimiento es vida, y también prevención.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la inactividad física es uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel global, y está asociada a varios tipos de cáncer como el de mama, colon y endometrio.
Mantenerse activo no solo ayuda a prevenir enfermedades, sino que también mejora significativamente la calidad de vida de quienes enfrentan un diagnóstico oncológico.
Actividad física como herramienta de prevención
La evidencia científica ha demostrado que la actividad física regular puede reducir el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer.
Según la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS):
Puede reducir hasta en un 25% el riesgo de cáncer de mama y colon.
Ayuda a controlar el peso corporal, un factor clave en la prevención.
Regula hormonas como el estrógeno y la insulina, relacionadas con el desarrollo de tumores.
Recomendación general: al menos 150 a 300 minutos de actividad física moderada a la semana.
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Durante el tratamiento: moverse también sana
Aunque durante tratamientos como quimioterapia o radioterapia el cuerpo puede sentirse más débil, mantenerse activo —con supervisión médica— trae grandes beneficios.
La Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) destaca que el ejercicio puede:
Reducir la fatiga asociada al cáncer.
Mejorar el estado de ánimo y disminuir la ansiedad.
Preservar la masa muscular.
Favorecer la tolerancia al tratamiento.
Importante: cada paciente es único. El tipo y la intensidad del ejercicio deben ser recomendados por el equipo médico.
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Después del tratamiento: recuperar y fortalecer
La actividad física también juega un papel clave en la recuperación y en la reducción del riesgo de recaída.
Estudios citados por la Liga Colombiana Contra el Cáncer indican que:
Mejora la supervivencia en algunos tipos de cáncer.
Reduce el riesgo de recurrencia.
Ayuda a recuperar la energía y la funcionalidad.
Además, fortalece la salud mental, ayudando a reconectar con el cuerpo después del proceso oncológico.
¿Por dónde empezar?
No se trata de hacer ejercicio extremo, sino de moverse de forma consciente:
Caminar diariamente.
Practicar yoga o estiramientos.
Realizar ejercicios de bajo impacto.
Mantener una rutina progresiva.
Lo más importante es la constancia y el acompañamiento médico.

Un mensaje final de cuidado
La actividad física es una aliada poderosa en todas las etapas de la vida, incluso frente al cáncer. Incorporarla en la rutina diaria puede marcar una gran diferencia en la prevención, el tratamiento y la recuperación.
Desde la Clínica de Oncología Astorga te invitamos a escuchar tu cuerpo, adoptar hábitos saludables y consultar siempre a tiempo. Cuidarte también es una forma de sanar.
Consulta con nuestros especialistas. Astorga, SIEMPRE CONTIGO.




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